Coparentalidad: criar, cuidar y educar | Columna en La Segunda

Si el objetivo de la crianza es el bien de los niños, apoyar a las familias es también una forma concreta de protegerlos.

Foto de la mitad del cuerpo de una madre y padre con su hijo siendo levantado en el medio de ambos con un bosque de fondo en la columna de opinión "Coperantalidad: crianza, cuidar y educar" de IdeaPaís.

Foto: Imagen de Pexels / [Banco de imágenes]

En 2025, la tasa de fecundidad en Chile cayó por primera vez bajo un hijo por mujer a 0,99. El país envejece rápido y cada vez nacen menos niños. Ese mismo año, el III Congreso de Políticas Públicas Profamilia que organiza IdeaPaís junto a la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez se preguntó por las causas de esa caída. Este año miramos lo que viene después: la distribución en las tareas de la crianza de los hijos una vez que nacen.

La crianza sigue descansando de manera desproporcionada sobre las mujeres, y avanzar hacia una mayor corresponsabilidad es crucial. Aunque hemos avanzado en reconocer la importancia de compartir estas tareas, hay todavía preguntas cruciales que siguen pendientes para ejercer la coparentalidad adecuadamente.

Una de ellas es en qué medida pensamos la coparentalidad desde las necesidades de los niños. La cuestión no debiera centrarse únicamente en cómo padres y madres se dividen las tareas, sino cómo se organizan como adultos responsables para ofrecer a los niños un entorno estable y favorable para su desarrollo.

La crianza es una responsabilidad familiar que requiere vínculos sólidos, cooperación y condiciones sociales que permitan ejercerla, y la perspectiva de los niños es tan crucial como ausente es en el debate.

Una política integral en la materia debe conciliar la reducción de la sobrecarga de quienes cuidan con el favorecimiento de la presencia de los progenitores, su coordinación y la estabilidad de los entornos en que crecen los niños. Una investigación reciente de la UAI, publicada en The Journal of Genetic Psychology, encuentra que una mayor coordinación coparental se asocia con menos dificultades socioemocionales en niños en edad preescolar.

En la misma línea, un metaanálisis de 59 estudios publicado en la revista Parenting: Science and Practice, concluye que distintas dimensiones de la coparentalidad se relacionan con el ajuste psicológico de niños y adolescentes. Ambas investigaciones apuntan a una idea: en la crianza no solo importa cuánto hace cada progenitor, sino también cómo ambos se coordinan en favor de sus hijos.

Esa coordinación, en los hechos, no ocurre en el vacío. Solemos discutir la vivienda, el trabajo, la salud mental o los costos del cuidado en carpetas separadas, pero todos confluyen en el mismo lugar: la casa. La familia no es una suma de individuos con necesidades particulares, sino una comunidad de vínculos y responsabilidades que merece reconocimiento y apoyo.

Si el objetivo de la crianza es el bien de los niños, apoyar a las familias es también una forma concreta de protegerlos. No se trata, entonces, solo de repartir mejor la «carga» de criar, sino de fortalecer la capacidad de las familias para cuidar y educar a sus hijos.

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