La trampa del retorno de Bachelet | Columna en La Segunda

Ante la desorientación de la oposición, el retorno bis de Bachelet es un cáliz envenenado para las izquierdas, inconscientes del daño que su vuelta generaría.

Ilustración de una trampa de ratones con un billete con la imagen de la expresidenta Bachelet en la columna "La trampa del retorno de Bachelet" de IdeaPaís.

Foto: Imagen generada con IA / ChatGPT

De nuevo: Michelle Bachelet, protagonista del momento. Abrió la puerta a ser candidata presidencial —fiel a sí misma: en medio de cándidas sonrisas—, sabiendo perfecto lo que iba a generar. Dice estar dispuesta a todo lo que sea necesario para mantener la unidad de progresismo, y para que Chile no retroceda en derechos conquistados.

Su retorno de lleno a la política doméstica exige responder algunas preguntas.

¿Qué Bachelet volvería? La respuesta no es obvia. Bachelet es experta en capitalizar éxitos en medio de la ambigüedad. La diferencia entre MB I de las comisiones eternas versus MB II de las reformas es reflejo de su indeterminación. Porque al mismo tiempo que ha defendido la democracia, siempre ha coqueteado con el marxismo clásico. No por nada siendo presidenta en 2016 describió a Fidel Castro como un líder por la justicia social y la dignidad. Una contradicción nunca explicada.

¿A qué volvería (de nuevo) Bachelet? ¿Tiene otro “otro modelo” que implementar? Con el anterior no le fue bien: sus «reformas estructurales» educacional, tributaria, laboral, al sistema político y el intento constituyente no solo nos tienen como nos tienen, sino que tienen una descomunal rendición de cuentas por hacerse.

Ante la desorientación de la oposición, el retorno bis de Bachelet es un cáliz envenenado para las izquierdas, inconscientes del daño que su vuelta generaría. Primero, porque neutraliza cualquier surgimiento de nuevos liderazgos, consolidando la pobreza de la oferta progresista. Esto es todo menos alentador en cualquier proyecto político. Peor que quien se cree irremplazable es quien le da el amén. La trampa se la tiende la izquierda a sí misma.

Y segundo, porque la unidad sirve cuando es en torno a algo, no a alguien. Ciertamente, la vaguedad de MB es una posibilidad de recuperar el amplio arco de la Nueva Mayoría. Pero esto, que parece una oportunidad, será una debacle si no hay antes una reflexión honesta sobre las últimas derrotas. Si sus referencias siguen siendo la desinformación, los bots y la ultraderecha, la desorientación seguirá a la orden del día.

Sin ese diagnóstico, la crisis del progresismo chileno (que también es mundial) no tendrá salida, y Bachelet no sabrá qué ofrecerle a Chile. Me temo que este esfuerzo de introspección no será liderado por quien quiere volver por tercera vez a ser la persona más importante del país.

Habrá que ver si el gobierno toma esto como la alerta que es. En pocas palabras: el Bacheletazo maternal es incontenible frente al bencinazo estoico y a los múltiples ajustes. El gobierno no debe ceder: el estado del Estado es ante todo precario, y hay que seguir recomponiendo. Pero gobernar sin un sentido comunicacional que muestre prioridades sociales puede allanar el terreno para liderazgos populistas. O quizás, apapachadores.

Últimas noticias