Las formas efectivas | Columna en La Segunda

La conversación en off, las negociaciones de buena fe y la construcción de confianzas ofrecen una cultura política que logra resultados efectivos. Más duraderos que la imposición de agendas por uno o dos votos pirquineados.

Foto de un podio para que hable el Presidente en la columna de opinión "Las formas efectivas" de IdeaPaís.

Fotografía: prensa.presidencia.cl

El éxito con el que los ministros Alvarado y García sortearon la primera valla de la maratónica «megarreforma» puede encontrar referencia en dos personas cuyos aniversarios de muerte se conmemoraron el pasado 19 de abril. Ese día, se cumplieron diez años de la partida del expresidente Patricio Aylwin, y seis de la de Sergio Onofre Jarpa.

Uno militante DC, el otro del Partido Nacional y luego RN. El único momento en que actuaron formalmente juntos fue en la Confederación de la Democracia en 1972, cuando sus partidos se unieron para competirle a la Unidad Popular. Luego de eso, nunca más coincidieron en el papel. Pero la historia los junta por algo bastante más sustantivo que haber sido coetáneos o por haber fallecido el mismo día.

Desde sus identidades y sus fundadas sospechas por el bando adversario, ambos protagonizaron una legítima aspiración de reconstruir un país marcado por la división y el odio. Fueron visibles líderes del proceso de transición democrática, mostrando una capacidad encomiable al omitir sus distancias ideológicas y sus historias recientes en pos de un entendimiento que parecía estéril. La misma noche del 5 de octubre de 1988, previo a entrar a un set de televisión, Sergio Onofre Jarpa felicitó a Patricio Aylwin por el triunfo del No, antes de conocerse los resultados oficiales. Ya durante su gobierno, el senador RN fue unos de los principales nexos entre el General Pinochet y el Presidente Aylwin, y asumió un importante rol en las discusiones laboral y tributaria que la Concertación impulsó para modificar la herencia del Régimen Militar.

Con todas sus dificultades, la transición chilena fue un éxito. Su resultado fue producto de muchas condiciones y virtudes humanas que hoy escasean, y que Aylwin y Jarpa representaron cabalmente. En su actitud republicana subyace prudencia en las formas, austeridad en los medios y solidaridad en los anhelos de construcción compartida. Aunque la polarización y la desconfianza eran mayor que hoy, lograron por delante agendas comunes para resolver los problemas masivos de Chile, lejos de las cansadoras estridencias que hoy tienen a la política aturdida y a la ciudadanía hastiada.

Se discute intensamente en la derecha si acaso vale la pena que la «megarreforma» sea aprobada por una amplia mayoría (con los costos que implica ceder), o si basta con que sea por un par de votos. Los ministros Alvarado y García prefirieron perderse esa discusión y se pusieron a trabajar como lo hicieron en su vasta experiencia en el Congreso Nacional.

Ellos saben que no pueden actuar como en los ‘90, pues su derrota es segura. Pero saben también que la conversación en off, las negociaciones de buena fe y la construcción de confianzas ofrecen una cultura política que logra resultados efectivos. Más duraderos que la imposición de agendas por uno o dos votos pirquineados.