Los Lagos ante su propio invierno | Columna en El Llanquihue

El cómo se enfrenta este invierno demográfico no puede depender sólo de políticas públicas ni del esfuerzo aislado de las familias.

Foto: regiones de Chile

Hace pocas semanas, el INE confirmó un hecho que se veía venir. Chile cruzó en 2025 el umbral de un hijo por mujer, la tasa de fecundidad más baja de su historia, colocándose entre las más bajas del planeta, comparable con Corea del Sur y Singapur. El cardenal Fernando Chomali bautizó esto como un “invierno demográfico” y hoy, la helada avanza rápido: ya hay tres regiones donde muere más gente de la que nace.

Sin embargo, las cifras de natalidad no muestran todo el panorama. La pregunta no es únicamente cuántos niños nacen, sino qué ocurre con aquellos que ya están aquí. En la Región de Los Lagos, cerca de 600 niños, niñas y adolescentes viven bajo el sistema de cuidado alternativo del Estado. El 41% de ellos permanece en residencias, y 33 lactantes de entre cero y tres años esperan con urgencia una familia de acogida para evitar ingresar en ellas. 

¿Cómo llegamos a esto? Principalmente, porque asumimos erróneamente que la crianza es responsabilidad exclusiva de las madres, y cuando esa ecuación falla, le delegamos el problema al Estado. Pero ninguna residencia, por muy especializada que sea, logra reemplazar un hogar. Olvidamos que, como sostiene el Papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas, la familia no es un club privado sino un bien social insustituible, donde se modela el tejido de una comunidad sana. Es allí donde se forman los primeros vínculos, se transmiten valores y se sostiene la vida en comunidad. 

En ese sentido, el cómo se enfrenta este invierno demográfico no puede depender sólo de políticas públicas ni del esfuerzo aislado de las familias. Por el contrario, requiere una articulación más amplia entre el Estado, mundo privado y la sociedad civil organizada. En Los Lagos ya hay luces de esto. La campaña “Familias de Acogida por Aire, Mar y Tierra” busca resolver en nuestra compleja geografía la búsqueda de hogares. En Osorno, el subsistema Chile Cuida concretó una expansión histórica para apoyar a sus cuidadores/as. Son avances relevantes, pero insuficientes.

Mientras esas políticas se consolidan, cobra especial importancia el rol de los llamados organismos intermedios: familias extendidas, fundaciones, parroquias y organizaciones sociales que, muchas veces, sostienen redes de apoyo allí donde el Estado no alcanza. Estos espacios permiten que el cuidado vuelva a tener un rostro cercano.

Reconocer estos esfuerzos implica realizar un cambio de enfoque. Si entendemos que la familia es un bien social, su sostenibilidad en el tiempo nos compete a todos. Recuperemos lo que el sur de Chile representó durante generaciones: el refugio de familias grandes y acogedoras; el territorio idóneo para la crianza por su vida comunitaria. En definitiva, si el invierno demográfico se mide en nacimientos, parte de su solución se juega en el cuidado.