Maldito infierno | Columna en La Segunda

Si el progresismo chileno no reflexiona y cambia su libreto, si no actúan de verdad defendiendo la democracia que tanto pregonan proteger, si no le reconocen la legitimidad que sí tienen a los distintos, la irrelevancia seguirá castigándolos, tanto en las urnas como en el apoyo ciudadano de otrora tuvieron los estudiantes movilizados.

Fotografía de decenas de personas que están marchando por la Alameda mientras una de ellas sostiene una bandera chilena, en la columna de opinión "Maldito infierno" de IdeaPaís.

Fotografía: Juan Manuel Núñez / Unsplash

El año pasado, Óscar Landerretche tensionó al progresismo preguntando si el Frente Amplio y el Partido Comunista convertirían a Chile nuevamente en un “maldito infierno” si la derecha ganaba las elecciones presidenciales.

La izquierda chilena —no sin razón— ha reivindicado a la democracia como una bandera de lucha propia. El problema es que les ha sido imposible conferir legitimidad moral a sus adversarios. En otras palabras, no son las propuestas de la derecha lo que les molesta: es la invalidez de su manera de pensar.

¿Qué hemos visto en estos tres meses? En el Congreso Ideológico del Frente Amplio (21 de marzo) se desplegó un lienzo que rezaba: «Nunca serviles a locos y genocidas», con el Presidente Kast dibujado con cuernos de demonio. Ha habido movilizaciones, marchas y paralizaciones estudiantiles —impulsadas por movimientos y partidos de izquierda— en circunstancias de que durante los años en que Gabriel Boric gobernó Chile callaron mágicamente. Y no es que no haya ocurrido nada entonces: no se cumplieron las promesas vinculadas al CAE, fuimos testigos de los dramas que vivieron los estudiantes del SLEP de Atacama, hubo recortes en educación y beneficios no entregados, entre otros. Aparentemente, nada suficientemente grave como para movilizarse.
¿Se darán cuenta que el oportunismo burdo, la total ausencia de propuestas y las funas viscerales los tienen en una irrelevancia absoluta?

Conectando con lo último, en los últimos días hemos visto que la agresión que sufrió la ministra Lincolao en abril comienza a ser un peligroso patrón. El día sábado 30 de mayo, el ministro Undurraga sufrió una ruin funa, en la que cobardes desde el anonimato se burlaban de su discapacidad física. Y ayer, 3 de junio, en medio de la marcha de la Confech (en la que figuraban pancartas del tipo «usen balas, no lienzos»), estudiantes de la PUC del movimiento Solidaridad, parados frente a la Casa Central de esa universidad, recibieron insultos, manotazos, gritos y amenazas, mientras los movimientos de izquierda de dicha universidad aplaudían con estúpidas sonrisas a la nueva «primera línea», que pasaba encapuchada, con palos, adoquines e instrumentos destructivos (de hecho, destruyeron el paradero de ese lugar).

Hagan lo que hagan, José Antonio Kast y el Partido Republicano correrán con el mote de «ultraderecha» durante todo su gobierno. Da lo mismo que se comporten como un gobierno de «derecha tradicional», como ha dicho Carlos Peña. Si el progresismo chileno no reflexiona y cambia su libreto, si no actúan de verdad defendiendo la democracia que tanto pregonan proteger, si no le reconocen la legitimidad que sí tienen a los distintos, la irrelevancia seguirá castigándolos, tanto en las urnas como en el apoyo ciudadano de otrora tuvieron los estudiantes movilizados.