Otakin, Boric y la oposición | Columna en El Líbero
El efecto Otakin, dejar de pagar el CAE con la expectativa de condonación, es la consecuencia directa de haber instalado una promesa irresponsable y sin respaldo fiscal. Este efecto provocó que miles de personas dejaran de pagar su deuda con la expectativa de un alivio que nunca llegó.

Foto: imagen generada con IA / ChatGPT
"Pensé que el gobierno anterior iba a condonar el CAE y me relajé". Esa frase de Otakin, conocido influencer de nuestro ecosistema, hizo portada en LUN y no es una simple anécdota. Es el retrato preciso de lo que ocurrió con miles de deudores que tomaron decisiones financieras confiando en la palabra de quien entonces era candidato, y luego Presidente. Esta semana, esas decisiones tuvieron su consecuencia más dramática: la Tesorería General de la República inició embargos a quienes no han cumplido con sus obligaciones del CAE.
El problema real es que la morosidad del CAE no llegó a niveles históricos únicamente por descuido ciudadano. Escaló por una promesa de campaña, que fue repetida, amplificada e incumplida, alterando masivamente el comportamiento de los deudores. El efecto Otakin, dejar de pagar el CAE con la expectativa de condonación, es la consecuencia directa de haber instalado una promesa irresponsable y sin respaldo fiscal. Este efecto provocó que miles de personas dejaran de pagar su deuda con la expectativa de un alivio que nunca llegó. Vale la pena recordar que, según un estudio de Acción Educar, la elección del expresidente Boric disparó la morosidad en 9 puntos de un trimestre a otro.
Hasta el momento muchos en la oposición han reaccionado con efusividad criticando los cobros e intentando cargar la responsabilidad al actual gobierno. Buscan evitar una pregunta simple pero incómoda que subyace la discusión: ¿Que responsabilidad tienen en esta situación? El comentario del expresidente Boric en “X” es quizás el esfuerzo más evidente por evitar responder la pregunta, incluso de esbozar una pequeña reflexión sobre su propia responsabilidad en estos hechos. Más bien, muestra un retorno a la retórica de polarización de su etapa como diputado, apuntando hacia sus adversarios políticos y evitando cualquier lectura crítica de su actuar.
No deja de ser llamativo ver al expresidente en este tono. Sobre todo luego de un tenue intento de reflexión en su participación en el “Hay Festival”, donde realizó un llamado a la izquierda para que dejara la crítica y retomara un discurso de esperanza para encantar nuevamente al electorado. El expresidente pareciera incluso haber olvidado sus largas reflexiones en torno a la figura presidencial, en la cual reconocía la exigencia de una conducta distinta. Una vez fuera de La Moneda, nos enfrentamos a un Gabriel Boric que selectivamente olvida esas reflexiones, en momentos complejos elige no asumir su responsabilidad y prefiere azuzar a sus huestes. Mientras miles de deudores ven sus cuentas embargadas, quien y quienes como gobierno jugaron un rol en esta situación, toman palco como comentaristas en redes sociales.
Los hechos anteriores deben generar una especial preocupación, sobre todo porque esta aproximación de culpar a otros y evitar responsabilidad, proviene de quien será una figura gravitante en la rearticulación de la izquierda chilena.
Si decide ejercer su liderazgo, olvidando su figura presidencial y en una clara conducta de evitación de su legado, puede llevar a la oposición por el camino de repetir los mismos errores que tan caro le costaron al país. En vez de asumir este enfoque de confrontación y falta de diálogo, la oposición debería ver estos hechos como un momento culminante de su reflexión post derrota electoral. Una oportunidad única para preguntarse y tomar una decisión: ¿Seguir culpando al actual oficialismo o asumir su responsabilidad con Otakin?



