Cuando el agua baja | Columna en La Tribuna

Quizás la soledad de nuestra época sea un recordatorio de que nadie se basta a sí mismo, por más pantallas que lo acompañen.

Fotografía: Freepik

Ha sido una semana compleja para el Biobío. Lluvias, ráfagas de viento, evacuaciones, suspensión de clases y la sensación, una vez más, de que vivimos de crisis en crisis. Las autoridades alertaron tempranamente de esta situación y, junto con ello, la respuesta inmediata de vecinos y voluntarios que se organizan y se cuidan. En la emergencia, entre instituciones y comunidad, volvemos a encontrarnos. Pero cuando el agua baja, queda la impresión que algo se nos quedó en el camino. ¿Por qué nos cuesta tanto ese encuentro el resto del año?

Puede que el encuentro ahora requiera un pretexto: nos juntamos por trabajo, por trámites o emergencias, agendamos hasta el café con los amigos. Por el contrario, el encuentro gratuito, sin justificación, se fue haciendo algo raro. Y sin duda esa rareza tiene consecuencias. Según la Encuesta Bicentenario UC 2025, un 62% de los jóvenes entre 18 y 24 años declara haberse sentido solo en la última semana. Justo cuando parecieran estar más conectados, rodeados de estímulos, de actividades y de compañía, es cuando más solos se sienten. 

Esa contradicción no es un accidente, sino el signo de una época. Así lo abordamos hace una semana en Concepción, durante el lanzamiento de la décima edición de la revista Raíces de IdeaPaís "Libres, modernos y solos", que profundiza en esta paradoja: nunca fuimos tan libres y al mismo tiempo tan desarraigados. 

Vale la pena detenerse en una idea que atravesó la conversación. El problema no es la falta de conexión, sino la falta de vínculos. La conexión es instantánea, abundante y no compromete a nada. A diferencia de ella, el vínculo exige presencia, constancia y gratuidad. Esta modernidad líquida, bajo palabras de Bauman, nos enseñó a valorar la autonomía, y con justa razón. El problema es cuando se transforma en la creencia que no necesitamos de nadie. Una persona sin comunidad que la sostenga no es más libre, sino que todo lo contrario, es más vulnerable. Eso es lo que aparece en la emergencia y se nos escapa en la rutina.

Quizás la soledad de nuestra época sea un recordatorio de que nadie se basta a sí mismo, por más pantallas que lo acompañen. Ninguna sociedad se ha sostenido sin lugares donde las personas se deben algo unas a otras. Eso no se descarga ni se agenda, se construye con tiempo, presencia y permanencia. Cuando pase esta lluvia vendrá otra, porque así es vivir en el Biobío. La pregunta es si seguiremos necesitando una emergencia para recordar que nos tenemos.