El Frente Amplio, fiel a sí mismo
Es el mismo partido que antaño fue un grupo asambleísta, que se define por contraposición y desconfía de sus propias autoridades. El problema es que esa pulsión funciona en oposición, pero es inviable para gobernar.

Foto: Frente Amplio.
Entre acusaciones constitucionales y tensiones en el oficialismo, pasó casi inadvertido que el Frente Amplio cerró su primer Congreso Ideológico. Un proceso cuyo diseño terminó siendo más elocuente que sus conclusiones.
Vale la pena observar el proceso. Desde marzo, Unidades Congresales –espacios de participación de las bases– discutieron en todo el país y en el extranjero sobre una pauta común, sesionando al menos tres veces, para luego elegir Delegados que representaran a cada unidad en la Plenaria Nacional.
Fiel a sí mismo, el Frente Amplio procedió a construir una estructura paralela a su orgánica institucional para intentar canalizar sus diferencias. ¿Para qué existen, entonces, las instancias formales de un partido?
En efecto, las autoridades del partido –internas y de elección popular– sólo tenían derecho a voz. Quienes ejercen representación formal quedaron excluidos de decidir. A esta extraña y paralela estructura se suma la pregunta troncal que guió todo el proceso: «¿qué le propone el FA a Chile en este periodo?». Y su misión: actualizar los lineamientos ideológicos.
Todo esto expresa muy bien la pulsión autonomista que el Frente Amplio no logra –ni quiere– contener. La misma que ha desconfiado históricamente de la mediación institucional y que concibe la representación como una caja de resonancia de las bases, y no como el ejercicio de mediar, confluir y decidir que supone la política real. El hecho de que un proceso ideológico se plantee a sí mismo como actualización periódica sugiere, además, que la doctrina no responde a principios fijos, sino a la contingencia del momento. Es notable que el partido que hasta hace poco habitaba La Moneda le pregunte a sus bases "quiénes somos" y mantenga en suspenso lo más elemental de una identidad política
Esto es problemático sobre todo para el mismo Frente Amplio. Si el diseño consiste en negar la política, la historia de prometer una cosa, y conseguir otra completamente distinta en el poder se repetirá una y otra vez. Resulta hasta alienante querer, al mismo tiempo, gobernar y administrar el Estado con un pragmatismo propio de la Concertación, y puertas adentro seguir operando bajo la lógica asambleísta de siempre, llamando a las bases a que te definan política e ideológicamente.
Esto se confirma lastimosamente en los diagnósticos de los documentos congresales. La reflexión persistente era, otra vez, la crítica panfletaria al neoliberalismo, sea lo que sea que eso signifique.
En realidad, nada de esto es nuevo: es el mismo partido que antaño fue un grupo asambleísta, que se define por contraposición y desconfía de sus propias autoridades. El problema es que esa pulsión funciona en oposición, pero es inviable para gobernar. Si el FA vuelve al poder, es de esperar que quede otra vez en el cajón. La historia no se repite, pero rima.



