Prueba PISA: ¿El problema es el modelo? | Columna en El Heraldo Austral

¿El problema es el modelo? No, si por modelo entendemos una fórmula importable desde Seúl, Tallin o Londres. Sí, en el sentido de que Chile aún no tiene un modelo propio, coherente entre lo que exige y lo que entrega.

Foto en que se ve la mano de un estudiante que se prepara para responder un cuestionario de una prueba, en la columna de opinión "Prueba PISA: ¿El problema es el modelo?" de IdeaPaís.

Foto: Imagen de Pexels / [Banco de imágenes]

Los resultados de PISA 2025 volvieron a instalar la pregunta de siempre: ¿qué estamos haciendo mal? Muchas veces la respuesta rápida, repetida cada vez que llega un informe desfavorable, es "copiemos el modelo de los que les va bien". Es lógico mirar a los países con buenos resultados, pero insuficiente: no comparten un solo modelo entre ellos y, más importante aún, el contexto y las condiciones estructurales de Chile son sustancialmente distintas a las de los líderes de PISA 2025.

Singapur, Corea y Japón lideran los rankings con sistemas exigentes y una cultura que empuja el esfuerzo académico desde la casa hasta la sala de clases. Vale la pena mirar también otros indicadores: Corea registra la tasa de suicidio juvenil más alta de la OCDE, y Japón, la cuarta. No se trata de atribuir esas cifras a una sola causa, pues la salud mental adolescente es compleja y multifactorial, pero sí de preguntarnos qué bienestar acompaña a esos resultados. Estonia, en cambio, logra resultados igual de sólidos por un camino distinto: menos presión y un sistema que compensa con estructura institucional lo que no exige a través del estrés familiar. Si hasta los "exitosos" difieren entre sí, replicar su modelo no es una estrategia, es una apuesta.

Inglaterra, más cercana culturalmente que un tigre asiático, ofrece otro camino. En la década de 2010 reformó su sistema con fónica sistemática para lectura, el método de "dominio" singapurense-shanghainés para matemática de primaria, más autonomía escolar a cambio de inspecciones rigurosas, y mayor autoridad docente sobre la disciplina. Como resultado, mejoró sustancialmente en Matemática y comprensión lectora. Entonces, la lección no es copiar, sino que una reforma seria y sostenida puede mover la aguja.

¿Son replicables los modelos extranjeros en nuestro contexto? Un profesor coreano o japonés enseña a grupos más pequeños y en sistemas más verticales que el chileno. En Chile el máximo legal es 45 alumnos por sala y el promedio real ronda los 30, contra 21 en la OCDE, así que la gestión de aula ya parte en desventaja antes de discutir el método. A eso se suma una contradicción no resuelta: pedimos más exigencia académica, pero somos padres cada vez más sobreprotectores, que no quieren que sus hijos "sufran" ese costo. Y todo ocurre en un país con jornadas laborales largas y en deuda con la conciliación familiar-laboral, que deja a las familias con menos tiempo real de acompañamiento aunque el interés esté presente.

Entonces, ¿el problema es el modelo? No, si por modelo entendemos una fórmula importable desde Seúl, Tallin o Londres. Sí, en el sentido de que Chile aún no tiene un modelo propio, coherente entre lo que exige y lo que entrega.

Queremos exigencia académica, pero sin dar a las familias el tiempo real para acompañarla. Queremos exigencia y disciplina en la sala, pero con apoderados cada vez más sobreprotectores y docentes con poca autoridad para ejercerlas. Y aspiramos a los resultados de los líderes de PISA en aulas de 30 a 45 estudiantes, muy lejos de las condiciones en que ellos enseñan.

El desafío no es encontrar el país correcto para copiar, sino construir, desde nuestra propia realidad, un sistema donde lo que pedimos a profesores y familias sea algo que de verdad puedan cumplir.

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