Uy, perdón… Bueno… ¡Seguimos! | Columna en La Segunda
Los arrepentimientos no pueden ser a costa de la calidad de vida de la ciudadanía. El «ensayo y error» sirve cuando se prueban las políticas, no después de implementarlas.

En política, y en la vida, el arrepentimiento tiene un valor importante. El tozudo gana poco: como premio, obtiene obcecación —alejándose de la realidad— y rechazo por parte de quienes sufren las consecuencias de su porfía.
Gabriel Boric sabe muy bien de esto. En muchas ocasiones, ocupó el recurso de pedir disculpas por acciones propias. Lo hizo como Presidente, al reconocer que le «sacó la cresta» al gobierno de Sebastián Piñera de manera injusta y excesiva; también tras el Rechazo de 2022, cuando dijo que no vio las señales de alerta de la conducción intolerante de la Convención Constitucional; y en su famoso «mea culpa» de que el Apruebo avanzó más rápido que el pueblo chileno. También lo hizo como diputado, con el episodio de la polera con el rostro de Jaime Guzmán y una bala en su frente, su discurso en defensa al FPMR, y la reunión con Palma Salamanca en París.
Ahora vemos que esta «política del mea culpa» —que en Boric ha sido efectiva para «humanizar» su liderazgo— se ha dado en otros liderazgos de su sector. Hay varios ejemplos. Alejandro Micco y Andrea Repetto admitieron errores en la reforma tributaria de Bachelet, a la que se le atribuye parte relevante de la explicación que tiene a nuestra economía deprimida. La senadora Vodanovic reconoció como un error haber callado frente al 18 de octubre, momento que puso en tela de juicio nuestro ordenamiento político y nuestra convivencia nacional. El exministro Grau, por su parte, aseguró que ahora ve al orden como una condición relevante para generar transformaciones sociales. Con todo, las más llamativas son las reflexiones vinculadas a la educación. Sigue resonando una entrevista de la alcaldesa Delfino, donde reconoce que la selección escolar jugó una mala pasada para los liceos emblemáticos. Y ahora el exministro Cataldo dijo que fue un error mantener las escuelas cerradas tanto tiempo, siendo que su sector acusó constitucionalmente al exministro Figueroa por querer reabrirlas durante la pandemia.
La humildad es un atributo esencial en política. Sin ella, la capacidad de observar la realidad es cada vez menor. Sin embargo, el recurso analizado tiene límites.
Los arrepentimientos no pueden ser a costa de la calidad de vida de la ciudadanía. El «ensayo y error» sirve cuando se prueban las políticas, no después de implementarlas. Normalizar el arrepentimiento como justificación de errores «de contexto», sin más, debe castigarse tanto como a quien no cambia ante lo evidente.
El necesario reconocimiento de las imperfecciones propias de los líderes no puede vaciar de contenido cuestiones fundamentales de su propio legado, sin asumir ninguna consecuencia. Es exigible un mínimo de pudor. De otra forma, la responsabilidad se convertirá en un simbolismo tierno, y la anomia que nos come por dentro terminará devolviéndonos al descampado donde todo vale.



