La primera aventura del PDG 2.0 | Columna en El Líbero
La primera aventura legislativa del PDG 2.0 nos muestra que impulsarán agendas vinculadas a su programa de gobierno, aprovecharán al máximo su posición bisagra de poder y que olvidarán lo escrito en pos de su objetivo presidencial.

Foto: imagen generada con IA / ChatGPT
En pocos meses de gobierno, Franco Parisi se ha convertido en un actor clave en la agenda pública. El excandidato presidencial no se esconde, y realiza un esfuerzo claro por liderar la discusión con su bancada de diputados. Su objetivo es claro, vestir la banda presidencial en cuatro años más. Sin embargo, su actuación política ha puesto un manto de dudas sobre su capacidad de gestión, orden e incidencia real en la discusión nacional. El primer acercamiento a la discusión legislativa, por medio del plan de reconstrucción nacional, entrega varias luces para entender el PdG 2.0.
Para comenzar, dejó en claro que su principal objetivo es alcanzar el poder por sobre todas las cosas. “No tenemos ideología, nosotros somos pragmáticos”, decía en una entrevista. En busca de su objetivo es capaz de traicionar sus predicamentos previos para asegurar su acción en el corto plazo. Por un lado, se jacta de propiciar una democracia interna participativa y digital, donde las altas autoridades deberían establecer mecanismos de consulta vinculante a sus militantes antes de cualquier votación parlamentaria. Pero en realidad, el PDG se constituye como un partido, ante todo, francocentrista. Todo se negocia, se define y se comunica en función de él. Los acuerdos pueden ser con todos, lo único importante es que sean útiles para sus pretensiones. La apuesta se sube, el acuerdo es de un solo tramite, y cuanto más, solo si es útil para Franco.
Por otro lado, el PdG y su líder sí tienen memoria para otras cosas. No han renunciado ni olvidado su programa de gobierno, lo tienen más presente que nunca. De hecho, apuestan por lograr los primeros resultados concretos de su proyecto pragmático. Realizando una negociación con el gobierno, incluidas reuniones privadas con el ministro Quiroz, logró impulsar la medida que busca la eliminación y reembolso del IVA, una muestra de su último programa presidencial. Involucró al gobierno en una ampliación del beneficio e incluso una tramitación acelerada por medio de urgencias abordando ámbitos de medicamentos y pañales. Transformó un proyecto de su programa en uno tácito del gobierno. Logrará, muy probablemente, una primera muestra de su programa de gobierno a cambio de apoyar una reforma con la cual ya compartía parte importante del predicamento.
Por último, Franco se desenvuelve en un contexto extremadamente favorable. El conglomerado de centroizquierda, Frente Amplio y PC, llamado a ser oposición, se han enredado entre una negativa al diálogo y una falta de articulación de propuestas que les permita sentarse a la mesa. Mejor aún, el oficialismo ha mostrado durante la última semana brotes de descoordinación y conflicto que provocan un escenario aún más complejo. Este vacío y desorden termina siendo utilizado estratégicamente por la bancada de la gente, dejando al gobierno a merced de un negociador caracterizado por sus solicitudes transaccionales.
La primera aventura legislativa del PdG 2.0 nos muestra que impulsarán agendas vinculadas a su programa de gobierno, aprovecharán al máximo su posición bisagra de poder y que olvidarán lo escrito en pos de su objetivo presidencial. Este hecho debe inquietar. En un país caracterizado por la desconfianza y la búsqueda de soluciones concretas, la capacidad de delivery de la bancada de la gente puede ser un diferenciador complejo de contrarrestar. Un líder indiscutido, con resultados en el bolsillo, y con un partido funcional, puede ser una apuesta extremadamente atractiva que haga olvidar la incertidumbre aparejada a un accionar político guiado por el pragmatismo y una visión transaccional de la institucionalidad de la nación. Tomar nota no basta, oposición y oficialismo deben reaccionar.



