El elefante en La Moneda | Columna en La Segunda
El problema trasciende un cambio de gabinete. Lo que urge es erradicar la antipolítica, que es estéril e inconducente.

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Ernesto Ottone, jefe de asesores del Segundo Piso de Ricardo Lagos, reeditó “El Segundo Piso. Un ejercicio de memoria” (Catalonia). El libro ha tenido buena acogida, y no por azar: los problemas del actual gobierno remiten en gran medida a su diseño, uno de cuyos artífices es el jefe de asesores del Presidente Kast. Según Ottone, el Segundo Piso existe para pensar estratégicamente al gobierno, eligiendo pocos temas y alejándose de la operación diaria. Esta tarea es decisiva, pues define —combinando diversas miradas— cómo el gobierno dibuja su propia historia, guiada por una visión política de largo plazo.
Alejandro Irarrázaval ha hecho lo contrario.
Kast tiene algo a favor que no tuvieron Boric ni Piñera: sus prioridades son también las de la ciudadanía. Llamarse «gobierno de emergencia» fue un acierto que permitía consolidar esa correlación. Pero esa ventaja se ha dilapidado, y no ha sido por factores externos. Si uno de los objetivos del Presidente era traspasar la banda a alguien del arco del Rechazo, las decisiones derivadas de este esquema atentan contra esa meta.
El bencinazo, primer error autoinfligido, fue consecuencia de este diseño: había varias formas de enfrentar el alza del petróleo por la guerra, pero se renunció a priori a pensar políticamente el asunto. Los últimos días confirman el problema. Según trascendió, el ministro Barros debió (de nuevo) ponerse firme, ahora para oponerse a que Chile adhiriera, sin más, a la coalición anticárteles de Trump, posición empujada por Irarrázaval. Y en medio de la crisis por la rebaja de penas, el mismo jefe de asesores expuso insólitamente al ministro Alvarado al decir «pregúntele al ministro del Interior» luego de ser consultado por la salida del exsubsecretario Silva.
No es la primera vez que un asesor concentra la confianza presidencial y la irritación de la coalición, pero pocos han figurado como el actual jefe de asesores, quien ejerce poder sin responsabilidad política y confunde su función con la de otros ministros.
Diseñar un gobierno despreciando los efectos políticos de sus decisiones, con pretensiones extralimitadas de protagonismo, es el mayor pecado que puede cometer un jefe del Segundo Piso. Ciertamente, no todos los problemas del gobierno son responsabilidad suya, pero con esas recetas no solucionará el notorio déficit político del Ejecutivo.
El elefante en La Moneda es innegable. El problema trasciende un cambio de gabinete. Lo que urge es erradicar la antipolítica, que es estéril e inconducente. Kast fue elegido por leer bien lo que el país necesitaba (economía, seguridad, migración, urgencias sociales), y esa lectura es su mayor activo. Para reactivar su agenda, necesita un equipo convocante y de peso, que haga de La Moneda un motor y no un hervidero. Sin atender esta emergencia, ninguna otra se resolverá.





