La megaoportunidad para la izquierda | Columna en La Segunda

Tras restarse de la megarreforma económica por la ineficaz obsesión de calificar al Gobierno como uno de ultraderecha, esta discusión es una oportunidad para que la izquierda salga de un espiral que la daña principalmente a ella misma.

Ilustración que muestra a parlamentarios bailando cueca en el Congreso, en la columna de opinión "La megaoportunidad para la izquierda" de IdeaPaís.

La nueva megarreforma de seguridad llega en un momento propicio tanto para la ciudadanía como para la política. Luego de que se aprobara en tiempo récord el proyecto de Reconstrucción Nacional —cuyas medidas paulatinamente aumentan en aprobación— el Gobierno se pone al día con algo pendiente. La deuda no era menor: ofrecer un camino contundente que le permita al Estado recuperar la seguridad en Chile. Se trata, ni más ni menos, de la principal razón por la que casi el 60% de los chilenos convirtió a José Antonio Kast en Presidente de Chile.

El ministro Arrau, con la propuesta anunciada, demostró el talento que se le anticipaba, combinando conocimiento técnico con medidas con contenido político. Ahora se verá si tiene el pragmatismo legislativo que el ministro Quiroz mostró en estos meses, que es lo que al Presidente Kast parece importarle ante todo.

La discusión que se viene ahora es una oportunidad para oficialismo y oposición.
Por un lado, la ciudadanía apoya al Gobierno en esta tarea. Según Cadem, aumentar penas a quienes reclutan niños para delinquir tiene un 88% de apoyo; el despliegue policial permanente en los 50 barrios más críticos, concita un 84% a favor; e incluso las medidas más polémicas —como consagrar en la Constitución la seguridad como deber del Estado y que las FF.AA. apoyen a Carabineros contra el crimen organizado— cuentan con un 79% y 76% respectivamente. El Congreso baila finalmente con la música que el Gobierno le pone, escenario reforzado por la aprobación de la ley Nain Retamal 2.0 con apoyo transversal, salvo —cuánta novedad— la negativa del FA y del PC.
Lo más interesante, sin embargo, será mirar el camino que tomará la oposición en esta discusión. La seguridad es hoy una materia que no tiene colores políticos. Y es, también —quizás por eso mismo— una gran oportunidad para las izquierdas.

El progresismo hoy se muestra extraviado, errante y desarticulado. No ofrece liderazgos claros ni una quilla para orientarse. Tras restarse de la megarreforma económica por la ineficaz obsesión de calificar al Gobierno como uno de ultraderecha, esta discusión es una oportunidad para que la izquierda salga de un espiral que la daña principalmente a ella misma.

En efecto, en lugar de insistir en peroratas como “superar el capitalismo” y de descalificar las credenciales democráticas del Gobierno de Kast, su apuesta más inteligente sería aportar sustantivamente, desde su sensibilidad, en esta discusión integrando la propia experiencia del gobierno anterior.

De otra forma, el progresismo chileno arriesga seguir el mismo camino fracasado de los demócratas de EE.UU., que de tanto criticar a Trump, olvidaron que su rol no es despotricar contra sus adversarios, sino representar a quienes votan por ellos en los asuntos donde la ciudadanía clama por acuerdos duraderos y efectivos.