Los conflictos pasan, la universidad queda | Columna en El Rancagüino
Más allá de las legítimas diferencias que puedan existir respecto de las causas, responsabilidades y soluciones, cabe preguntarse: ¿cuándo la movilización deja de ser un medio para visibilizar un problema y comienza a convertirse también en parte del problema?

Hace diez años, la Región de O’Higgins recuperó algo que parecía lejano: contar con una universidad propia. Su apertura buscaba responder a la necesidad de formar profesionales, generar conocimiento desde su territorio, contribuir al desarrollo de sus comunidades, al arraigo de los jóvenes y a fomentar el capital humano de la zona.
En este periodo, la universidad ha crecido y se ha consolidado, pero también ha conocido conflictos y movilizaciones. El episodio más reciente se produjo entre junio y septiembre de este año en la Escuela de Salud, cuando estudiantes de Medicina iniciaron una paralización que se extendió a otras carreras del área. Se denunciaron dificultades relacionadas con las prácticas, campos clínicos, condiciones de formación, continuidad, pagos de profesores, además de problemas de organización y conducción.
Más allá de las legítimas diferencias que puedan existir respecto de las causas, responsabilidades y soluciones, cabe preguntarse: ¿cuándo la movilización deja de ser un medio para visibilizar un problema y comienza a convertirse también en parte del problema?
No se trata de desconocer el derecho de expresar las demandas ni de cuestionar la legitimidad de la movilización como herramienta de participación, sino de ser capaces de preguntarnos cuándo esta deja de contribuir y comienza a trasladar sus costos al resto de la comunidad universitaria. Detrás de cada paralización se interrumpen las labores de los funcionarios, cientos de familias deben reorganizar sus vidas y, sin duda, el tiempo de formación no es fácil de recuperar.
Hoy más que nunca se necesitan acuerdos que permitan avanzar, que solucionen los problemas de fondo y que entreguen certezas para el futuro. Soluciones reales. Resolver no es simplemente poner fin a una movilización, es hacerse cargo de aquello que la originó y generar las condiciones para que el problema no vuelva a repetirse.
Una universidad joven como la Universidad de O’Higgins tiene todavía mucho camino por recorrer. En esta ruta, una pieza clave es generar mejores mecanismos de diálogo, espacios donde las inquietudes puedan ser escuchadas oportunamente y una comunidad capaz de enfrentar sus diferencias antes de que estas terminen afectando aquello que todos queremos proteger: la formación de los estudiantes.
La UOH nació para ser parte del futuro de nuestra región. Ahora nos corresponde a todos cuidar que ese futuro sea cada vez mejor.





