Los fantasmas de octubre | Columna en El Sur
¿Cuál es hoy el proyecto político de la izquierda? ¿El mismo de 2019 que luego plasmaron en el borrador de constitución 2022?

Foto: Daniel M. en Unsplash
Primer acto: en el cuarto aniversario del rechazo del 4S, parte de la izquierda chilena hizo una reivindicación sin reservas del texto constitucional de la Convención. Segundo acto: el Partido Comunista se opone tajantemente a aprobar la reforma al sistema político. Les “incomodó” -por decir lo menos- la obligación que tendrán de condenar regímenes totalitarios y la violencia como método de acción política. Tercer acto: el honorable diputado frenteamplista y ex vicepresidente de la Convención, Jaime Bassa, postea en sus redes que “esa plaza (Baquedano) es y seguirá siendo Plaza Dignidad”.
La película completa podría tener múltiples títulos. ¿Los fantasmas de Octubre? ¿Los resabios del octubrismo? (ojalá fueran solo resabios). ¿Nuevamente, vendrán por todo? ¿PC y FA, villanos de una historia bien contada? Como sea, los episodios narrados lejos de ser aislados o anecdóticos, son parte de un proceso que da cuenta del escaso aprendizaje que ha tenido la izquierda chilena.
Vale la pena recordar aquellos tiempos entre 2019 y 2020 cuando esos mismos sectores traicionaron las mínimas lealtades democráticas. Intentaron destituir al Presidente Piñera; juzgaron inmisericordemente a carabineros que luego fueron absueltos por la justicia; romantizaron la violencia en las calles; inventaron torturas en la estación Baquedano (aun esperamos las disculpas de la senadora Sánchez por difundir tal nivel de fake news); dijeron que el gobierno de Piñera era criminal y que estaba cometiendo violaciones sistemáticas a los DDHH; suma y sigue.
Hoy, en retrospectiva, todo parece una historia sacada de un libro distópico. Pero ocurrió hace solo unos años. Y a pesar de su corta vida, el post estallido envejeció lo suficientemente mal como para que el progresismo chileno se replanteara su interpretación de la crisis social. Algunos de sus dirigentes esbozaron reflexiones interesantes. El mismo expresidente Boric reconoció que su sector asumió erróneamente que la masividad de las protestas significaba una ruptura ciega con el modelo económico. “No fue una revolución anticapitalista ni identitaria de izquierda”, sostuvo en 2022.
El peso de gobernar los hizo madurar a la fuerza y replantear su proyecto, diría cualquier persona con criterio formado. Pero esa premisa corría el riesgo de ser ingenua, al menos sin antes saber cuál sería el comportamiento de esa misma generación una vez que abandonara el poder. En estos poco más de seis meses de gobierno, las señales parecen volver a 2019: negar la sal y el agua al gobierno (porque con la “ultraderecha”, nada), volver a reivindicar las demandas de Octubre e intentar reactivar a los movimientos sociales (como la Confech), aunque, vale decir, lejos del éxito de los años de oro del movimiento estudiantil.
¿Cuál es hoy el proyecto político de la izquierda? ¿El mismo de 2019 que luego plasmaron en el borrador de constitución 2022? En esto, el silencio del Socialismo Democrático es muy revelador: subyugados por la generación sucesora y despojados de cualquier mística política, hoy su voz no suena ni para influir ni para ofrecer un camino futuro.
La verdadera prueba siempre fue saber qué quedaría de la aparente moderación una vez que abandonaran el poder. Hasta el momento, los viejos reflejos parecen haber sobrevivido intactos.





